En Japón, existe un bosque donde las personas buscan la muerte. Se trata de Aokigahara, bautizado como “el bosque de los suicidas”, lugar que registra, al menos, un centenar de casos anuales de jóvenes de entre 16 y 25 años de edad que se quitan la vida.
Este paraje, rodeado de mitos y leyendas ancestrales, es, desde la década de los años 50, el lugar que eligen muchos jóvenes japoneses para morir; el cual es el segundo en el mundo con mayores suicidios sólo por debajo del puente Golden Gate.
Quien recorre los caminos de Aokigahara se topará con carteles con mensajes que tratan de crear conciencia en las personas de lo importante que es la vida e intentan persuadir a los potenciales suicidas a cambiar de parecer.
Los laberintos formados entre los árboles frondosos que inundan el lugar provocan que, con frecuencia, los “indecisos” dejen marcas a su paso, con prendas de ropa u objetos para encontrar una ruta de regreso y salida del bosque en caso de no tomar la fatal decisión.
3.000 hectáreas es una superficie que, normalmente, puede ser recorrida andando de tres a cuatro horas. Pero en este extraño bosque, eso es imposible. La leyenda dice que los que emprenden este viaje, no regresan jamás. Hoy en día, muchos caminantes pierden su camino. Sus esqueletos o sus cuerpos medio devorados por "algo" son reencontrados regularmente en este bosque, profundo y oscuro. En ocasiones, son los que van en busca de sus cuerpos desaparecidos o para dilucidar el misterio de este lugar los que se pierden también. Una vieja leyenda dice que un gran número de murciélagos viven allí. Éstos atacan a los paseantes e intentan ahogarlos cubriéndoles la cara. También se dice que en este bosque, las brújulas pierden el norte señalando el sur o cualquier otro rumbo que no es el norte. Otros afirman que si seguimos las indicaciones de la brújula, giraríamos en círculos y volveríamos al punto de partida. Aokigahara es tan denso que la luz del sol penetra allí difícilmente. Numerosos son los que afirman que les es imposible ubicarse con el sol, porque si levantas la cabeza, sólo se ve una pequeña parte del cielo. Fuera de los caminos marcados, el paisaje crea, en su espíritu, una distorsión del sentido de la orientación. Así, las diferentes direcciones posibles parecen todas iguales. Si miras delante tuyo para andar derecho, corres peligro de resbalarte y caerte ya que el suelo parece sólido mientras que en realidad, a menudo éste se encuentra a 30 o 40 cm más abajo, bajo una alfombra de raíces y hojas, las cuales crean una tela que da la impresión de un terreno perfectamente llano.
Este bosque posee numerosas cuevas enormes y profundas. Estas grietas abren ampliamente sus bocas bajo la espuma y la vegetación. Es muy fácil caer en el interior y reencontrarte allí, con horror, frente a esqueletos que llevan allí mucho tiempo.
Un informe de la policía de Yamanashi, revelado por el diario Japan Times, señala que en 2004 la tendencia suicida en Aokigahara alcanzó su máximo histórico, al registrarse 108 casos.
La pregunta es: ¿Por qué estas personas decidieron acabar con su vida en este bosque?
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